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Cuidado con la miopía intelectual

Richard Webb

Hace un par de años nos visitaron dos de los economistas más respetados del mundo, Joseph Stiglitz, de la Universidad de Columbia, y Finn Kydland, de la Universidad de California, ambos galardonados con el Premio Nobel. Su llegada no pudo ser más oportuna, coincidiendo con los primeros meses de una crisis financiera mundial que ha quebrado a bancos y países, que paró en seco el desarrollo peruano durante el año 2009, y que aún mantiene en vilo a la economía global. ¿Qué hacer? Lo frustrante fue que la receta del uno fue diametralmente opuesta a la del otro.

Según Stiglitz, cada país debía combatir la crisis con un agresivo plan de estímulo, aumentando el gasto público y privado y recurriendo sin miedo al endeudamiento y déficit fiscal. Según Kydland, la mejor salida consistía en no romper la disciplina financiera y más bien crear confianza manteniendo la consistencia de las políticas. Para Stiglitz, era necesario girar abruptamente. Para Kydland, era mejor sufrir el bache y no confundir a los choferes con giros abruptos.

El debate continúa e incluso se vuelve más intenso porque la economía mundial sigue en estado grave. El Gobierno Alemán se inclinó hacia la lógica de la consistencia de Kydland, y China a la del estímulo de Stiglitz. La opción de EE.UU., un estímulo a medias, no funcionó, y quizás fue la peor, como cuando se administra una dosis insuficiente de antibiótico. En tanto, Irlanda, Grecia y muchos bancos están al borde de la quiebra, y para curarse Estados Unidos amenaza con hundir el valor del dólar.

Estamos descubriendo los límites de las teorías. Pero, ¿cómo explicar tanta credulidad? Lo atribuyo, en parte, a la complejidad del mundo moderno, que más y más nos obliga a confiar en los expertos. Pero la oferta de teorías responde, además, a una demanda psicológica. Necesitamos sentirnos seguros. No nos gusta que nos digan que el futuro no es predecible, y nunca faltan los que están dispuestos a asegurarnos que ellos sí entienden al mundo. Pero, esta vez, en el Perú hemos sido menos crédulos y más cautos, quizás porque recordamos los excesos teóricos de gobiernos anteriores. La respuesta peruana a la crisis consistió en un poco de estímulo, pero sin crear desequilibrios financieros, y además tuvimos una buena dosis de suerte. Sin embargo, sigue habiendo mucha inseguridad con relación a la economía. El ministro Benavides hizo bien en recordarnos esa verdad.

Publicado en El Comercio, 29 de noviembre de 2010


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