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La Ilustración Escocesa

Richard Webb

Así como las especies biológicas avanzan por mutación, la cultura también conoce los saltos genéticos. En la antigua Grecia, en un territorio inhóspito, de geografía montañosa, una pequeña población tan primitiva y fratricida como otras repentinamente concibió los cromosomas de la civilización occidental. Un segundo caso de inverosímil mutación cultural se produjo dos milenios más tarde, en Escocia.

A inicios del siglo dieciocho, Escocia albergaba apenas a un millón y medio de habitantes, carecía de poder militar o económico, y era conocida por la ignorancia, suciedad y degradación moral de su población. Para su vecina Inglaterra, era una tierra fronteriza de salvajes dedicados a las guerras tribales y al abigeato. El literato Samuel Johnson resumió la opinión inglesa comentando que el mejor prospecto para los ojos de un escocés era el camino hacia Londres.

De escoria humana, en pocas décadas Escocia se convirtió en un semillero de creatividad intelectual, artística y moral. Sus filósofos y científicos fundaron las ciencias sociales, desarrollaron la arquitectura, las matemáticas y la ingeniería, y fundaron el liberalismo y los derechos humanos que sustentan la democracia moderna. Sus universidades recibían estudiantes de toda Europa y sus ideas alimentaron las revoluciones políticas de ese siglo en los Estados Unidos y Francia. Dos de los tres autores principales de la constitución norteamericana fueron escoceses. La primera Enciclopedia Británica fue publicada en su capital, Edimburgo. Varios filósofos reinventaron la filosofía, acercándola a la ciencia social, David Hume en especial, con su Tratado sobre la Naturaleza Humana. Para Hume, la ética no se originaba en aspiraciones espirituales sino en las necesidades prácticas de la convivencia entre seres inherentemente egoístas. Kant comentó que Hume lo había “despertado de sus sueños dogmáticos,” y preguntó, “¿donde, en Alemania, hay un hombre que escribe tan acertadamente acerca del carácter moral?” En Francia, Voltaire fue impactado por Hume, diciendo que “no tenemos a nadie que se compara con él, y me da vergüenza por mis compatriotas.” Otro escocés, Adam Smith, recordado como inventor de la ciencia económica, aportó también una teoría humanista de la ética, señalando que el egoísmo incluye el deseo de la felicidad de otros.

Paradójicamente, la creatividad liberal, escéptica y racional de Escocia tuvo un origen en el fanatismo religioso calvinista, que predicaba una suerte de democracia espiritual. Para acceder directamente a la palabra de Dios era necesario poder leer la biblia. Se multiplicó entonces la escolaridad, creando escuelas en las aldeas más pobres, y Escocia se convirtió en el país con menos analfabetismo en Europa.

Publicado en El Comercio, 10 de enero de 2011


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