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¿Adiós Campesino?

Richard Webb

La lista de las riquezas peruanas en peligro de extinción debería incluir al campesino. Como suele suceder con las riquezas, hemos pasado de la abundancia a la escasez casi sin percatarnos. Había tantos campesinos que el problema era cómo crear empleos para todos. La población del campo no dejaba de crecer, y se desbordaba hacia las ciudades. Allí se instalaban en esteras y sobrevivían inventando trabajos improductivos. El exceso de campesinos parecía un problema insoluble.

Hoy, faltan campesinos y el lamento que se escucha en todo el país es, "¿quién va hacer este trabajo?"  ¿De dónde saldrán los miles de trabajadores para las inversiones en la pesca y agricultura del boyante Sur Chico? ¿O de la Costa Norte? Hace poco conversaba en Carhuaz con un agricultor que dirigía su yunta, preparando un campo de gladiola. Se lamentaba que para la cosecha tendría que pagar jornales de 35 soles más diez soles en comida y trago. Tenía otra parcela, subiendo hacia el Huascarán, pero allí el problema salarial era peor - por la minería. Hoy se abandonan campos de cultivo en la sierra porque no hay quien las trabaje. En las áreas rurales, la proporción de la población en edad improductiva -menores a 20 años y mayores de 65- es más de la mitad, y en algunas provincias llega a 60 por ciento, cuando en las ciudades es sólo 45 por ciento.

¿Quién nos alimentará? Hace un siglo, tres de cada cuatro peruanos, eran agricultores. O sea, que para cada cuatro bocas había tres pares de manos trabajando la tierra. Hoy, casi todos vivimos en áreas urbanas y por cada par de manos en el campo hay cuatro o cinco bocas esperando ser alimentadas. Además, comemos más que antes, y encima nos quejamos del agricultor que no exporta.

Una alternativa consiste en importar alimentos, como hacemos con el trigo y el aceite, pagándolos con los minerales y textiles que exportamos. Para algunos, ese camino pone en riesgo la "seguridad alimentaria," ante la posibilidad de que algún día falten alimentos en el resto del mundo, aunque el Perú tampoco está a salvo de sequías y plagas. La otra alternativa es tecnificar el campo, aunque también viene con riesgos, como son los insumos químicos.

Pero la desaparición del campesino no es sólo un tema de bocas y manos. Es también una extinción cultural. Sucedió en Europa, donde lo que queda de la cultura campesina no pasa de ser un folclor de vestimentas, músicas, bailes y fiestas anuales. Después de la fiesta los "campesinos" regresan a sus casas en sus SUVs, coordinando por celular con algún amigo, y al llegar se ponen sus jeans y Nikes y prenden el televisor o la computadora. Es lo que empieza a suceder en el Perú.

Si alguien no está convencido, recomiendo leer un estudio realizado en la provincia de Azángaro en Puno, titulado "Todos tienen celular" de los autores Aronés, Barrantes y León, publicado por el Instituto de Estudios Peruanos. "Ya no es como antes," dice un campesino entrevistado.

Publicado en El Comercio, 30 de julio de 2012


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